Los genes pasan de generación en generación

Por Carlos Alberto Arellano

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Ya sé que vamos a morir. Lo sé muy bien. No es necesario, Filomena, que me lo recuerdes dos veces por semana. Es un hecho. Todos sabemos que así es. Y nada podemos hacer al respecto. Salvo resignarnos a lo inevitable. Tarde o temprano, nos guste o no, llegaremos al final de nuestros ríos. Pero, Filomena, y esto es muy importante, tú y yo hemos tenido hijos y nietos. Ahí están Sabrina, Guillermo, Lucas, Susana y todos los demás. Y no me sorprendería, mi querida Filomena, que fuéramos bisabuelos antes de fin de año. Te aseguro que no me quedaría con la boca abierta. Gracias a que hemos sido prolíficos, Filomena, nuestros preciosos genes han pasado a las siguientes generaciones. ¿No te parece bonito? ¡Claro que sí! ¿A ver esa sonrisa? ¡¡¡Jajaja!!! ¡Así me gusta! Sí, así es, nuestros queridos genes seguirán aquí, bajo estos cielos hermosos y muchos otros, dando vida a nuestros descendientes, mucho después de que nuestros huesos, Filomena, hayan vuelto a la tierra. Porque, como ya sabes, del polvo venimos y al polvo volveremos.

Cacho.

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