Vitus B. Dröscher: Nuestros bebés son seres que por naturaleza buscan el contacto con la madre / Etólogo alemán / Calor de hogar

Archivo:Berthe Morisot 008.jpg

La cuna, de Berthe Morisot, 1872.

► Imagen tomada de: Wikipedia
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Nosotros, seres humanos civilizados, tenemos que comprender con toda claridad que nuestros bebés son seres que por naturaleza buscan el contacto con la madre, que debe llevarlos en sus brazos o pendientes de su cuello como ocurre con todas las especies de monos recién nacidos que se aferran a sus madres desde que nacen. Un ser tan pequeño y delicado, que precisa el calor y el contacto del cuerpo materno y escuchar el latido del corazón de la madre para tranquilizarse no puede ni debe ser privado de ello. Si le faltan estas cosas, siente un terrible miedo instintivo a haber sido abandonado o a haberse perdido, que es, en todo, semejante a la muerte.

Mientras más llora un niño sin que alguien acuda a tranquilizarlo, sin que alguien le demuestre que no está solo ni abandonado, más profundamente se afianza en su alma el terror. Como consecuencia, el terror deja su impronta en su carácter que no podrá desarrollarse en equilibrio dinámico con el sentimiento de seguridad y protección, como ya explicaremos en el capítulo décimo con más detalle.

Con el abandono del niño al que no atendemos cuando llora estamos plantando en él el germen de la angustia vital y de la desesperación. Comienza su desarrollo anímico de manera defectuosa y, en consecuencia, terminará en los casos más graves con una posterior tendencia a las drogas y muchas veces incluso al suicidio.

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