Cuando una persona sufre una fobia, achaca la ansiedad que se halla flotando libremente a un objeto específico de su ambiente. La característica es que dicho objeto no es la fuente real del peligro físico. Los que padecen fobias se dan cuenta de la irracionalidad de sus reacciones, lo cual sólo sirve para que empeore su ansiedad.
Entre las teorías que pretenden explicar las fobias, la más comprensible es aquella que interpreta al individuo fóbico como el que intenta solucionar sus conflictos internos exteriorizándolos. Si el objeto es externo, el fóbico puede identificarlo con su ansiedad y evitarlo, pero en realidad es el propio «yo» a quien está evitando. El enfrentamiento consigo mismo es generalmente demasiado doloroso, por lo que el objeto externo representa todo aquello que desea evitar. La idea, por ejemplo, de salir, cruzar la calle, ver un pájaro o una araña, puede dejar a los fóbicos aterrados hasta el punto de hacer que se derrumben, lo cual, naturalmente, es lo que desean.
Neurosis: pérdida de la alegría de vivir
La máquina del cuerpo, de Christiaan Barnard
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