El bosque ardía. Un muro ígneo enrojecía el negro cielo apagando las estrellas. La hierba se consumía. Grandes árboles caían al suelo como dioses agonizantes bajo el vendaval y el ruido de su muerte era como mil vientos rugiendo. El bosque ardió siete días en una hoguera insaciable. No había nadie para detenerla; nadie la había visto nacer salvo las pequeñas tribus de mengos y unamis que habían huido aterradas. Algunos de ellos dijeron que el día antes del fuego habían visto caer del cielo una estrella. Otros hablaron del rayo o de un extraño líquido rojo salido del suelo.
T. E. D. Klein
Ceremonias macabras
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