Alejandrito, el almiquí
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Por © Carlos Alberto Arellano..
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El almiquí cubano, un agradecido y satisfecho comedor de insectos, es un mamífero primitivo, gracioso, peludo y desconfiado, que gusta de refugiarse en madrigueras excavadas en la tierra. Su color es negro o pardo oscuro. Los hombros y el hocico son de un blanco amarillento. Dicen que en otros tiempos pobló con su fecundidad y su gracia toda la isla. Es tan raro, tan hermoso y tan pequeño (55 cm de longitud), que parece salido de los fantasmales interiores de un cuento de hadas. Todos (o casi todos) lo creíamos extinto. Mi abuelo, mi padre y yo mismo, lo hemos buscado hasta el agotamiento y la desesperación. Mi abuelo se quedó ciego de tanto buscarlo. Cuando yo era pequeño, allá en la preciosa Cuba de mi infancia, mi abuelo Tomás me contaba infinitas anécdotas de su interminable búsqueda del almiquí. Dos veces estuvo a punto de perder a su mujer, mi querida abuela Clara, que se enojaba y protestaba mucho cada vez que el abuelo andaba lejos de casa, persiguiendo sin descanso al almiquí. Solenodon cubanus, Solenodon cubanus, ¿donde diablos estás? Eso preguntaba mi abuelo, como recitando una plegaria, mientras caía la tarde a sus espaldas y sentía, en lo profundo de su corazón, que ese día tampoco lo encontraría. Su obsesión con el animalito perdido era tan grande, que no se permitía descansar ni en sueños, ni en pesadillas. Solía amanecer bañado en un sudor frío y pegajoso, agotado hasta los huesos de tanto caminar por los oscuros bosques de sus fantasías. (Recordemos que el almiquí es de hábitos nocturnos.) Yo sabía, porque él me lo había dicho en un lejano atardecer de hace muchos años, que a este simpático animalito lo habían descubierto en el siglo XIX. También sabía que su saliva es venenosa. Si lo encuentras, me decía mi abuelo, cuídate de su mordida. Recuerda: su saliva es venenosa. ¡Cuídate mucho! Hacía tiempo que nadie lo había vuelto a ver. Sí, todos lo creíamos extinto. Todos, menos mi abuelo y mi padre. Un día lo encontraremos, te lo prometo, me dijo mi padre alguna vez. Lo encontraremos, sí, y dejaremos nuestros nombres grabados en la historia de la fauna cubana. Cuando en el año 2003 apareció Alejandrito (llamado así en honor del campesino que lo descubrió, ¡bendito sea!) pueden verlo allá arriba, mi corazón se llenó de gozo y de tristeza. Mi padre y mi abuelo hacía mucho que habían muerto. Pensando en el almiquí, soñando aún en su lecho de muerte con la esquiva criaturita, sufriendo horrores por no haber dado nunca con sus huellas, mi abuelo le dejó al mundo estas palabras: Que no crean que lo he buscado en vano... Que no crean que lo he buscado en vano. Sepan, ahora mismo, que el almiquí vive en el Parque Nacional Humboldt. Creo que los perros y los gatos (que entraron en la isla con los europeos) son sus peores enemigos. Y sí, el solenodon cubanus es una especie endémica de Cuba. Me da mucha tristeza que este hermoso animalito esté hoy en peligro de extinción.
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Que yo sepa, sólo existen dos especies de almiquí en el mundo: La cubana, el solenodon cubanus, y la haitiana, el solenodon paradoxus.
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* Este es un relato inspirado en la verdadera historia del almiquí.
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