Imagen del casquete polar tomada por la NASA en 2005.
Por Carlos Alberto Arellano.
¡Ah, sí, sí! Mike Horn y Børge Ousland. Querían llegar esquiando al Polo Norte. ¡En pleno invierno! Sí, dos hombres fuera de lo común. Dos exploradores extraordinarios. Con un estado físico impecable y envidiable.
Carloncho
.
La hazaña de Mike Horn y Børge Ousland, cruzar el océano Ártico durante la temporada más dura y llegar al Polo, comienza en el Cabo Artichesky. Un lugar terrible, gélido, alarmante, donde sólo hay hielo estridente, osos polares de 200 a 500 kilos y una vasta y deprimente desolación.
Pancho, el librero
.
Sé que Børge Ousland es un explorador escandinavo obsesivo, frío y cauteloso. Aclaro que yo no lo conozco personalmente. Nunca hemos cruzado palabra. Ni una sola. Ni siquiera un saludo desde la vereda de enfrente o un «¡Hola!» enviado por correo electrónico. Sólo repito lo que dicen por ahí. Mike Horn, en cambio, es un sudafricano apasionado, ardiente y natural. ¿Se acuerdan de «Extraña Pareja», la película de Gene Saks, con Jack Lemmon y Walter Matthau. Bueno, algo así.
Teresa
.
¡Jajaja! Sí, Teresa, tienes razón. Al igual que Lemmon y Matthau, Mike y Børge tuvieron sus encontronazos, sus grandes disgustos, sus malentendidos. A veces, en el interior de la carpa, el silencio era total y opresivo. Los hombres estaban tan molestos el uno con el otro, tan enfadados, tan quisquillosos, que no deseaban ni mirarse. Preferían darse la espalda y ocuparse de sus tareas. Y sí, hay que decirlo, los dos tienen un carácter fuerte.
Patricia
.
Lo confieso ahora mismo. No hay razón para esperar. Me gustaría, algún día, cruzar el océano Ártico. Sí, quiero esquiar hacia el Polo Norte. Como Ousland y Horn. Seguir sus pasos, sus huellas, sus olores. Como un sabueso persiguiendo una presa. Con la lengua afuera y las orejas al viento. Quiero hacerlo en lo más duro del invierno. Que me duelan los brazos, que me duelan las piernas, que me duelan los huesos. Que se congelen mis dedos y la punta de mi nariz. Quiero saber lo que es un sufrimiento extremo. Quiero caer hasta lo más hondo. Sentir que estoy perdido en un infierno oscuro y congelado. Así, cuando llegue el momento del triunfo, ese momento que tanto estaba esperando, me sentiré en la Gloria, en el Paraíso, en la hora más feliz de mi existencia. ¡Qué Grande, Pan Casero! Ajá, tal como les digo, es lo que quiero, lo que anhelo, lo que demanda mi corazón. Vientos helados y temperaturas de 40 grados centígrados bajo cero. Sí, amigos, es lo que más deseo en este mundo. No veo razón alguna para ocultarlo.
Pan Casero
.
Pues vas a necesitar un traje impermeable flotante. Uno muy bueno. El mejor que encuentres. Te aseguro, Pan Casero, que si vas por la misma ruta que siguieron el escandinavo y el sudafricano, más de una vez te vas a hundir hasta el pecho en un témpano semiderretido y vas a estar ahí un largo rato, luchando a brazo partido por seguir adelante, por continuar con tu vida y tu aventura.
Carola
.
Yo te aconsejo llevar un buen revólver. Un Magnum 44 no estaría mal. Yo tengo dos. Uno en la mesita de luz y otro bajo la almohada. (Sólo sigo el ejemplo de Alejandro Magno, el rey de Macedonia, que siempre dormía con un puñal bajo la almohada.) Si quieres, Pan Casero, te presto uno. Luego me lo regresas. Recuerda que en esos parajes hay osos polares y que suelen estar muy hambrientos. Y, por lo que me han contado, no les da asco el olor de la carne humana. ¡Todo lo contrario! Les despierta el apetito.
Manucho
.
¿Se acuerdan de Naomi Uemura, el explorador japonés? ¿Se acuerdan? Bueno, él estuvo a punto de ser devorado por un oso en su viaje al Polo Norte.
Sonita
.
Mira, Pan Casero, no quiero asustarte. Pero sé de exploradores que se han hundido en las aguas libres que se forman entre los bloques de hielo y nunca más se los volvió a ver. Otros sufren colapsos nerviosos y entonces tenemos que dejar lo que estamos haciendo, sea lo que sea, para ir a rescatarlos en unos lugares glaciales y espantosos. Yo, más de una vez, he tenido que abandonar una buena cena o buena película. Fue feo eso.
Anónimo
.
Sí, lo sé, hay que ir bien preparado. Mike y Børge no se fueron con una mano atrás y otra adelante. Llevaron tiendas de campaña, balsas inflables, estufas, bolsas de dormir, comida empacada al vacío, pistolas de bengalas, teléfonos satelitales, linternas con baterías de litio (emprendieron su viaje en enero, en la oscuridad completa del invierno polar), computadoras de bolsillo y aparatos de sistema de posicionamiento global. En fin, lo mismo que llevaría yo. Como pueden ver, esos muchachos no eran ningunos improvisados. No fueron a echar un vistazo y ver qué pasa. Fueron («armados hasta los dientes») a triunfar de punta a punta, a dejar grabados sus nombres en la historia de la exploración polar.
Pan Casero
Mike Horn enfermó gravemente. Aunque no quería y se resistió hasta que ya no aguantó más, tuvo que tomar los antibióticos que le ofrecía Børge. Poco a poco y para alivio de los dos, se fue recuperando.
El Nene Farías
.
El 23 de marzo de 2006, después de 61 días y 965 kilómetros, Mike Horn y Børge Ousland llegaron a la meta. El polo, ¡por fin! El gran sueño cumplido. Ya podían descansar, abrazarse, sonreír y celebrar. Dos grandes que se hicieron amigos. Grandes amigos, sí, a pesar de los roces, las rabietas y los reproches. Amigos para siempre. Luchando, codo con codo, en el más terrible campo de batalla que pueda uno imaginar.
Perro Tranquilo
.
.
► Gigantio: Exploradores
► Gigantia: Directorio de blogs
